sábado, 28 de febrero de 2015

                                                                                                                                                                                                                                         

                                                                                                                                                                                                                                                                 






La evaluación institucional




La evaluación institucional, abre un debate interesante. La aplicación práctica de sus resultados es, en algunos casos, discutible. En este sentido, existen diferentes enfoques respecto a la utilidad de la evaluación que pueden concebirse de forma complementaria en tanto que pretenden trascender la visión de la evaluación como un mero instrumento al servicio de la toma (o legitimación) de decisiones políticas. Esta perspectiva puede aplicarse transversalmente a todo proceso evaluativo en sus tres niveles (individual, institucional y sistémico), contribuyendo constructivamente a satisfacer las demandas respecto al interés por la calidad educativa que se evidencia en el seno la sociedad. En este sentido, la utilidad del proceso adquiere un matiz diferente para la comunidad en cada caso, como por ejemplo la acreditación, la valoración, la desmitificación, o incluso la clarificación de las actuaciones políticas, aportando al funcionamiento democrático del sistema. Pero la utilidad del proceso evaluador exige una adecuación inteligente a la realidad que se evalúa y la lectura final deberá incluir tanto las consecuencias conforme a los propósitos declarados, como aquellas que aun no habiendo estado previstas, hayan tenido incidencia en la comunidad educativa que fuera objeto de evaluación.

Oportunidades y riesgos de la evaluación
Dice Tiana Ferrer que "la Evaluación es una tarea cargada tanto de promesas como de eventuales frustraciones" (Ferrer, 1996) Tal es así que defensores de la evaluación institucional, suelen ver en ella la posibilidad de alcanzar enormes beneficios. Pero simultáneamente, hay quienes sostienen que su valor es escaso desde un punto de vista práctico. Lo cierto es que la evaluación, en sí misma, es una actividad cuya complejidad genera, cierta ambivalencia puesto que por un lado representa claramente la oportunidad de racionalizar el trabajo, mientras que por otro, lleva implícito un riesgo significativo de desnaturalización.

EVALUACION Y TOMA DE DECICIONES
Cuando se trata de una evaluación, se enfatizan los resultados de su trabajo y porque estos puedan ser adecuados a las particularidades del objeto de estudio, mientras que en una investigación se suele buscar un grado más amplio de generalización.
El planificador, debe formular y evaluar proyectos educativos que permitan mejorar la calidad de la gestión educativa.
Entonces, el trabajo del evaluador tendrá, efectivamente, el objeto de emitir juicios de valor respecto a la realidad estudiada, y pese a que la conexión entre tales juicios y la actuación posterior no sea siempre lineal o inmediata, es razonable esperar que tales juicios tengan influencia concreta sobre la toma de decisiones.


CODIGO
Los procesos de evaluación a nivel Nacional y Regional,  siguen ciertos estándares, para su buen desarrollo. 
Entre ellos contar con Profesionales  experimentados en educación, destacados en el campo académico, científico y profesional denominados: “Pares Evaluadores”.
Con el objetivo de  garantizar la  objetividad y transparencia en los procesos de Evaluación,  es indispensable que las instituciones de evaluación posean un instrumento normativo deontológico, el cual deberán cumplir todas las personas que participen en el proceso de evaluación, con ello se mantiene determinados niveles de exigencia, de competencia y de calidad en el Proceso.
El Sistema de Evaluación de las Instituciones se basa en El Código de Ética, el cual  regula el desenvolvimiento y las relaciones de los evaluadores dentro del Equipo de Pares para la Evaluación y con las autoridades e integrantes de la comunidad institucional.
El Par Evaluador actuará sin prejuicios acerca de las formas diversas en que se desarrolla la educación.
 El Par Evaluador deberá comprender y respetar los aspectos relativos a la cultura, los principios y estilos de organización y trabajo de la institución, en cuya evaluación participa, distanciándose para ello de las características de su institución de origen y de sus opiniones personales sobre estos aspectos. Este distanciamiento es necesario para analizar con equidad el cumplimiento de la Misión, los propósitos y objetivos de la institución que se evalúa.

LOS VALORES Y EL PROCESO EVALUATIVO
Una precondición de cualquier estudio evaluativo, según Schumann, es la presencia de alguna actividad cuyos objetivos tengan algún tipo de valor.
Define el valor como “cualquier aspecto de una situación, actividad u objeto que tenga un interés particular, como ser bueno, malo, deseable, indeseable o cosas por el estilo”. Los valores, por lo tanto pueden estar construidos como modos de organizar la actividad humana, basados en principios que determinan tanto las metas como el perfeccionamiento de los programas, así como el medio de alcanzar esas metas.
La evaluación empieza con un valor concreto (ya sea explícito o implícito), luego procede a definir la meta, esto es, a hacer una selección entre todas las metas alternativas posibles. Cada una de ellas compite con las demás en recurso y esfuerzo. Seguidamente, se seleccionan los criterios para valorar la consecución de la meta, la naturaleza de la evaluación determinará el tipo de valoración que se debe utilizar. La próxima etapa es la identificación de algún tipo de actividad para alcanzar la meta (el tratamiento) y la operacionalización de esta actividad. En algún punto del proceso, hay que valorar también esta operación. Esta etapa incluye la determinación del grado en que el programa operativo ha alcanzado el objetivo predeterminado.
Finalmente, basándose en esta evaluación, se emite un juicio acerca de si esta actividad dirigida hacia la meta ha resultado útil.
El acto de juzgar devuelve la actividad a la formación del valor. El concepto de Schumann acerca del movimiento cíclico del proceso evaluativo enfatiza la fuerte interrelación existente entre la evaluación y la naturaleza, basada en el valor de la planificación y la operación del programa. Como resultado, siempre existe la posibilidad de conflicto de valores entre el administrador del programa y el evaluador.
En términos generales, puede decirse que los valores desempeñan un amplio papel en la determinación de los objetivos de los programas de servicio social (como los de la naturaleza educativa) y que el proceso evaluativo que presenta consecuencias deseadas e indeseadas de estos programas debe presentar valores sociales, especialmente valores conflictivos.

La concepción instrumental
A comienzos de los años setenta, la creencia dominante se correspondía con que las evaluaciones educativas deberían ser el factor más importante para la toma de decisiones. De este modo, el énfasis se centraba en el valor instrumental de la evaluación. Esta concepción, si bien todavía predomina en algunos sectores, ha perdido vigencia puesto que actualmente, se considera que la función de la evaluación es mucho más compleja que su utilidad estrictamente instrumental.
Pero lo cierto es que la toma de decisiones en el ámbito educativo, involucra la relación de múltiples variables cuyo peso suele depender de diferentes factores cuya complejidad es evidente. Dentro este contexto, los resultados de una evaluación representan posiblemente uno de los elementos a considerar, pero improbablemente el único o el más relevante.
Diferentes niveles, diferentes utilidades
Es posible distinguir tres niveles diferentes de evaluación institucional, cada uno de estos niveles supone, naturalmente, una aplicación particular.
Nivel individual
La evaluación supone, en este caso una valoración de la actividad de los diferentes individuos que participan en el proceso educativo. En este nivel, alumnos y docentes son sometidos al proceso evaluador. "En términos generales, puede afirmarse que las evaluaciones desarrolladas en este nivel individual son las que cuentan con mayor experiencia y tradición" (Ferrer, 1996)
Los usos específicos de la evaluación en este nivel, refieren tanto a aspectos sumativos como formativos. Esto significa que no solamente generará juicios de valor que pudieran afectar la carrera de docentes o la valoración del rendimiento académico de los estudiantes, sino también que puede cumplir funciones de acreditación y desarrollo contribuyendo a certificar logros académicos y profesionales.

Nivel institucional
Este nivel requiere de la evaluación una valoración de las instituciones o entidades singulares que componen un determinado sector del sistema educativo. También es posible identificar una dimensión formativa que, orientada hacia el interior de la institución tendrá por objeto proporcionar información útil en tanto, enfocando los puntos débiles, genere un punto de partida para iniciar mejoras institucionales.
Así mismo, se encuentra presente en este nivel una dimensión sumativa que, dirigida esencialmente hacia el exterior de la institución se vincula a la rendición de cuentas o de supervisión. En este sentido, podemos decir que la evaluación tiene la peculiar utilidad de proporcionar información a los ciudadanos respecto al uso de los recursos públicos en materia educativa.
Nivel sistémico
Supone una valoración del sistema desde una perspectiva global involucrando aspectos vinculados a la conducción y a la información pública. En efecto, existe un nuevo estilo en la administración pública que se estaría extendiendo también en la gestión educativa

ETICA DE EVALUACION INSTITUCIONAL
Decimos que la evaluación es una cuestión ética más que una cuestión técnica, porque interactúan personas que elaboran juicios de valor sobre una situación determinada en el cual están involucradas otras personas.
Con respecto a los aspectos técnicos de la evaluación, debemos mencionar que realmente adquieren sentido cuando son guiados por principios éticos, y así poder descartar lo que podemos llamar la evaluación oculta, que es aquella que se guía por parámetros desconocidos por el evaluado.
Los efectos benefactores de la evaluación pueden ser anulados con facilidad: Descalificando el proceso mismo de la evaluación como poco científico o poco significativo.
Atribuyendo los resultados de la evaluación a diversas causas que eximen de tenerlo en cuenta.
 Manipulando las conclusiones que puedan extraerse del proceso de evaluación.
La evaluación no debe ser una actividad punitiva y que no debe servir para normatizar, ni para prescribir, sino para interpretar, cambiar y mejorar en la institución. Simons (1981) (22) subraya " que se debería evaluar éticamente, si no corremos el peligro de que la evaluación se convierta en un instrumento de opresión"

DIMENCION
La dimensión de la organización y gestión: se refiere, por un lado, al conjunto de los aspectos estructurales que toman cuerpo en cada establecimiento educativo, determinando un estilo de funcionamiento y, por otro, a las cuestiones de gobierno y gestión.
En el primer caso, se consideran cuestiones relativas a la organización formal como los organigramas, la planta orgánico-funcional, la de distribución tareas y división del trabajo, los objetivos presentes, los canales de comunicación formal, el uso del tiempo y de los espacios.
También deben incluirse aspectos relativos a la estructura informal, esto es, el modo en que los actores “encarnan” las estructuras formales.
En el segundo, se alude a la consideración de los recursos humanos, materiales (infraestructura y equipamiento) y a los aspectos económico-financieros. También comprende las actividades de control de evolución de las acciones institucionales en general.
En esta dimensión adquiere particular importancia la administración de la información y de los canales y contenidos de la comunicación institucional.
Dentro de este componente encontramos también aquellos aspectos que hacen a la manera en que cada institución organiza su proyecto educativo institucional, su proyecto o proyectos didáctico-productivo/s y cómo los genera, así como la forma en que se prevén o no, espacios y mecanismos de encuentro y participación de los distintos integrantes de la institución en distintas fases de la organización institucional.
Todos estos aspectos, más otros que aquí no se explicitan pero que se deducen de los anteriores, hacen a un perfil de la escuela que le es propio y que la diferencia de otros establecimientos del mismo nivel educativo e incluso de su misma orientación o especialidad. Es decir, ayudan a entender parte de su identidad institucional y que, en muchos sentidos permea el resto de los componentes institucionales ya que es en este nivel donde encontramos la clara expresión de los recursos tanto humanos como materiales con los que cuenta la escuela para desarrollar su propuesta educativa, así como de las características de la forma específica de organización y funcionamiento de cada establecimiento en las que se circunscriben todas las acciones institucionales
El nivel de la evaluación una valoración de las instituciones o entidades singulares que componen un determinado sector del sistema educativo,  es posible identificar una dimensión formativa que, orientada hacia el interior de la institución tendrá por objeto proporcionar información útil en tanto, enfocando los puntos débiles, genere un punto de partida para iniciar mejoras institucionales.
Así mismo, se encuentra presente en este nivel una dimensión sumativa que, dirigida esencialmente hacia el exterior de la institución se vincula a la rendición de cuentas o de supervisión. En este sentido, podemos decir que la evaluación tiene la peculiar utilidad de proporcionar información a los ciudadanos respecto al uso de los recursos públicos en materia educativa.
La preocupación por la calidad se transforma en un determinante para el diseño de políticas educativas y en este sentido la evaluación cumple con la necesidad de constatar/indagar la calidad del sistema, lo cual podría relacionarse con la función de la evaluación aplicada a este nivel en particular.
Por otra parte, en la medida que la evaluación contribuye a esclarecer la naturaleza del sistema educativo, contribuye además al debate público y, en última instancia, al funcionamiento democrático de la sociedad.
Pero más allá de las dimensiones anteriormente analizadas, no podemos dejar de mencionar que la utilidad y la valoración de la evaluación institucional, depende, en buena medida, de la calidad con que ésta se realiza. Ya sea en su concepción estrictamente instrumental, ésta es una herramienta al servicio del sistema educativo en tanto que su utilidad dependerá notablemente de la oportunidad y adecuación de su diseño y aplicación.

ANALISIS CRÍTICO
A título de reflexión es necesario que las organizaciones educativas diseñen modelos de evaluación tomando en cuenta su realidad, y que articulen con la necesidades de la misma, además esta deberán ir en función al éxito educativo, enfrentando las fallas y desaciertos con mayor firmeza desde una perspectiva solida consciente y que guarde relación de responsabilidad, al mismo tiempo se oriente en el camino de la toma de decisiones, donde sea el Gerente el cuentadante de reorientar los procesos y aproveche los recursos.
Se debe aplicar la evaluación institucional, porque esta produce juicios valorativos, permite la ejecución de lo planificado, y conlleva a situaciones positivas a las organizaciones educativas al aplicarla de forma periódica se estaría abonando a crecer y ampliar la cultura de desarrollo por medio de la evaluación.

A modo de conclusión: Necesidad y exigencia de la evaluación
Pero más allá de las dimensiones anteriormente analizadas, no podemos dejar de mencionar que la utilidad y la valoración de la educación institucional, depende, en buena medida, de la calidad con que ésta se realiza. Ya sea en su concepción estrictamente instrumental o en su complementaria dimensión iluminativa, ésta es una herramienta al servicio del sistema educativo en tanto que su utilidad dependerá notablemente de la oportunidad y adecuación de su diseño y aplicación.
Es razonable esperar que cuando las evaluaciones son realizadas adecuadamente, satisfacen una importante necesidad: la de comprender y esclarecer los procesos educativos al tiempo que responden una exigencia que involucra diferentes sectores sociales, demanda emergente de la preocupación por la calidad educativa, ora por motivos económicos o socioculturales.

Finalmente, agregaré que la utilidad de la evaluación no debería ser únicamente considerada a partir del alcance que ésta haya tenido de los propósitos declarados inicialmente, puesto que las consecuencias de un proceso evaluador con frecuencia exceden las previsiones. Por ello, cuando una evaluación es llevada a cabo, es necesario prever todos aquellos efectos de modo tal que resulte posible analizarlos en el momento en que éstos se presenten.
Por todo lo expuesto, y tomando conciencia de la cantidad de autores que definen a la Evaluación Institucional, asumiremos nuestra posición, dando la definición:
Definimos a la Evaluación Institucional como:
UN PROCESO PERMANENTE E INTEGRADOR, QUE SE DESARROLLA DENTRO Y/O FUERA DE LA INSTITUCIÓN, A LOS EFECTOS DE FAVORECER LA CALIDAD EDUCATIVA, MEDIANTE JUICIOS DE VALOR, DANDO BASES PARA LA TOMA DE DECISIONES.
LA EVALUACIÓN INSTITUCIONAL, VA MAS ALLÁ DEL ALUMNO COMO OB-JETO DE EVALUACIÓN, PUES ABARCA TANTO A LA ADMINISTRACIÓN EDUCATIVA, COMO AL CENTRO ESCOLAR Y AL ALUMNADO.SE CONFIGURA COMO UNA PRÁCTICA REFLEXIVA, SISTEMÁTICA Y AUTO-REGULADORA QUE SE SUSTENTA EN SUS TRES EJES FUNDAMENTALES, EL AXIOLÓGICO, EL TEÓRICO Y EL METODOLÓGICO.