
La evaluación
institucional
La evaluación institucional,
abre un debate interesante. La aplicación práctica de sus resultados es, en
algunos casos, discutible. En este sentido, existen diferentes enfoques
respecto a la utilidad de la evaluación que pueden concebirse de forma
complementaria en tanto que pretenden trascender la visión de la evaluación
como un mero instrumento al servicio de la toma (o legitimación) de decisiones
políticas. Esta perspectiva puede aplicarse transversalmente a todo proceso
evaluativo en sus tres niveles (individual, institucional y sistémico),
contribuyendo constructivamente a satisfacer las demandas respecto al interés
por la calidad educativa que se evidencia en el seno la sociedad. En este
sentido, la utilidad del proceso adquiere un matiz diferente para la comunidad
en cada caso, como por ejemplo la acreditación, la valoración, la
desmitificación, o incluso la clarificación de las actuaciones políticas,
aportando al funcionamiento democrático del sistema. Pero la utilidad del
proceso evaluador exige una adecuación inteligente a la realidad que se evalúa
y la lectura final deberá incluir tanto las consecuencias conforme a los
propósitos declarados, como aquellas que aun no habiendo estado previstas,
hayan tenido incidencia en la comunidad educativa que fuera objeto de
evaluación.
Oportunidades y riesgos de la evaluación
Dice
Tiana Ferrer que "la Evaluación es una tarea cargada tanto de promesas
como de eventuales frustraciones" (Ferrer, 1996) Tal es así que defensores
de la evaluación institucional, suelen ver en ella la posibilidad de alcanzar
enormes beneficios. Pero simultáneamente, hay quienes sostienen que su valor es
escaso desde un punto de vista práctico. Lo cierto es que la evaluación, en sí
misma, es una actividad cuya complejidad genera, cierta ambivalencia puesto que
por un lado representa claramente la oportunidad de racionalizar el trabajo,
mientras que por otro, lleva implícito un riesgo significativo de
desnaturalización.
EVALUACION Y TOMA DE DECICIONES
Cuando
se trata de una evaluación, se enfatizan los resultados de su trabajo y porque
estos puedan ser adecuados a las particularidades del objeto de estudio,
mientras que en una investigación se suele buscar un grado más amplio de
generalización.
El
planificador, debe formular y evaluar proyectos educativos que permitan mejorar
la calidad de la gestión educativa.
Entonces,
el trabajo del evaluador tendrá, efectivamente, el objeto de emitir juicios de
valor respecto a la realidad estudiada, y pese a que la conexión entre tales
juicios y la actuación posterior no sea siempre lineal o inmediata, es
razonable esperar que tales juicios tengan influencia concreta sobre la toma de
decisiones.
CODIGO
Los
procesos de evaluación a nivel Nacional y Regional, siguen ciertos estándares, para su buen
desarrollo.
Entre
ellos contar con Profesionales
experimentados en educación, destacados en el campo académico,
científico y profesional denominados: “Pares Evaluadores”.
Con
el objetivo de garantizar la objetividad y transparencia en los procesos
de Evaluación, es indispensable que las
instituciones de evaluación posean un instrumento normativo deontológico, el
cual deberán cumplir todas las personas que participen en el proceso de
evaluación, con ello se mantiene determinados niveles de exigencia, de
competencia y de calidad en el Proceso.
El
Sistema de Evaluación de las Instituciones se basa en El Código de Ética, el
cual regula el desenvolvimiento y las
relaciones de los evaluadores dentro del Equipo de Pares para la Evaluación y
con las autoridades e integrantes de la comunidad institucional.
El
Par Evaluador actuará sin prejuicios acerca de las formas diversas en que se
desarrolla la educación.
El Par Evaluador deberá comprender y respetar
los aspectos relativos a la cultura, los principios y estilos de organización y
trabajo de la institución, en cuya evaluación participa, distanciándose para
ello de las características de su institución de origen y de sus opiniones personales
sobre estos aspectos. Este distanciamiento es necesario para analizar con
equidad el cumplimiento de la Misión, los propósitos y objetivos de la
institución que se evalúa.
LOS VALORES Y EL PROCESO EVALUATIVO
Una
precondición de cualquier estudio evaluativo, según Schumann, es la presencia
de alguna actividad cuyos objetivos tengan algún tipo de valor.
Define
el valor como “cualquier aspecto de una situación, actividad u objeto que tenga
un interés particular, como ser bueno, malo, deseable, indeseable o cosas por
el estilo”. Los valores, por lo tanto pueden estar construidos como modos de
organizar la actividad humana, basados en principios que determinan tanto las
metas como el perfeccionamiento de los programas, así como el medio de alcanzar
esas metas.
La
evaluación empieza con un valor concreto (ya sea explícito o implícito), luego
procede a definir la meta, esto es, a hacer una selección entre todas las metas
alternativas posibles. Cada una de ellas compite con las demás en recurso y
esfuerzo. Seguidamente, se seleccionan los criterios para valorar la
consecución de la meta, la naturaleza de la evaluación determinará el tipo de
valoración que se debe utilizar. La próxima etapa es la identificación de algún
tipo de actividad para alcanzar la meta (el tratamiento) y la
operacionalización de esta actividad. En algún punto del proceso, hay que
valorar también esta operación. Esta etapa incluye la determinación del grado
en que el programa operativo ha alcanzado el objetivo predeterminado.
Finalmente,
basándose en esta evaluación, se emite un juicio acerca de si esta actividad
dirigida hacia la meta ha resultado útil.
El
acto de juzgar devuelve la actividad a la formación del valor. El concepto de Schumann
acerca del movimiento cíclico del proceso evaluativo enfatiza la fuerte
interrelación existente entre la evaluación y la naturaleza, basada en el valor
de la planificación y la operación del programa. Como resultado, siempre existe
la posibilidad de conflicto de valores entre el administrador del programa y el
evaluador.
En
términos generales, puede decirse que los valores desempeñan un amplio papel en
la determinación de los objetivos de los programas de servicio social (como los
de la naturaleza educativa) y que el proceso evaluativo que presenta
consecuencias deseadas e indeseadas de estos programas debe presentar valores
sociales, especialmente valores conflictivos.
La concepción instrumental
A
comienzos de los años setenta, la creencia dominante se correspondía con que
las evaluaciones educativas deberían ser el factor más importante para la toma
de decisiones. De este modo, el énfasis se centraba en el valor instrumental de
la evaluación. Esta concepción, si bien todavía predomina en algunos sectores,
ha perdido vigencia puesto que actualmente, se considera que la función de la
evaluación es mucho más compleja que su utilidad estrictamente instrumental.
Pero
lo cierto es que la toma de decisiones en el ámbito educativo, involucra la
relación de múltiples variables cuyo peso suele depender de diferentes factores
cuya complejidad es evidente. Dentro este contexto, los resultados de una
evaluación representan posiblemente uno de los elementos a considerar, pero
improbablemente el único o el más relevante.
Diferentes niveles, diferentes utilidades
Es
posible distinguir tres niveles diferentes de evaluación institucional, cada
uno de estos niveles supone, naturalmente, una aplicación particular.
Nivel
individual
La
evaluación supone, en este caso una valoración de la actividad de los
diferentes individuos que participan en el proceso educativo. En este nivel,
alumnos y docentes son sometidos al proceso evaluador. "En términos
generales, puede afirmarse que las evaluaciones desarrolladas en este nivel
individual son las que cuentan con mayor experiencia y tradición" (Ferrer,
1996)
Los
usos específicos de la evaluación en este nivel, refieren tanto a aspectos sumativos
como formativos. Esto significa que no solamente generará juicios de valor que
pudieran afectar la carrera de docentes o la valoración del rendimiento
académico de los estudiantes, sino también que puede cumplir funciones de
acreditación y desarrollo contribuyendo a certificar logros académicos y
profesionales.
Nivel
institucional
Este
nivel requiere de la evaluación una valoración de las instituciones o entidades
singulares que componen un determinado sector del sistema educativo. También es
posible identificar una dimensión formativa que, orientada hacia el interior de
la institución tendrá por objeto proporcionar información útil en tanto,
enfocando los puntos débiles, genere un punto de partida para iniciar mejoras
institucionales.
Así
mismo, se encuentra presente en este nivel una dimensión sumativa que, dirigida
esencialmente hacia el exterior de la institución se vincula a la rendición de
cuentas o de supervisión. En este sentido, podemos decir que la evaluación
tiene la peculiar utilidad de proporcionar información a los ciudadanos
respecto al uso de los recursos públicos en materia educativa.
Nivel
sistémico
Supone
una valoración del sistema desde una perspectiva global involucrando aspectos
vinculados a la conducción y a la información pública. En efecto, existe un
nuevo estilo en la administración pública que se estaría extendiendo también en
la gestión educativa
ETICA DE EVALUACION INSTITUCIONAL
Decimos
que la evaluación es una cuestión ética más que una cuestión técnica, porque
interactúan personas que elaboran juicios de valor sobre una situación
determinada en el cual están involucradas otras personas.
Con
respecto a los aspectos técnicos de la evaluación, debemos mencionar que
realmente adquieren sentido cuando son guiados por principios éticos, y así
poder descartar lo que podemos llamar la evaluación oculta, que es aquella que
se guía por parámetros desconocidos por el evaluado.
Los
efectos benefactores de la evaluación pueden ser anulados con facilidad:
Descalificando el proceso mismo de la evaluación como poco científico o poco significativo.
Atribuyendo
los resultados de la evaluación a diversas causas que eximen de tenerlo en
cuenta.
Manipulando las conclusiones que puedan
extraerse del proceso de evaluación.
La
evaluación no debe ser una actividad punitiva y que no debe servir para normatizar,
ni para prescribir, sino para interpretar, cambiar y mejorar en la institución.
Simons (1981) (22) subraya " que se debería evaluar éticamente, si no
corremos el peligro de que la evaluación se convierta en un instrumento de
opresión"
DIMENCION
La dimensión de la organización y
gestión: se refiere, por un lado, al conjunto de los aspectos
estructurales que toman cuerpo en cada establecimiento educativo, determinando
un estilo de funcionamiento y, por otro, a las cuestiones de gobierno y
gestión.
En
el primer caso, se consideran cuestiones relativas a la organización formal
como los organigramas, la planta orgánico-funcional, la de distribución tareas
y división del trabajo, los objetivos presentes, los canales de comunicación
formal, el uso del tiempo y de los espacios.
También
deben incluirse aspectos relativos a la estructura informal, esto es, el modo
en que los actores “encarnan” las estructuras formales.
En
el segundo, se alude a la consideración de los recursos humanos, materiales
(infraestructura y equipamiento) y a los aspectos económico-financieros.
También comprende las actividades de control de evolución de las acciones
institucionales en general.
En
esta dimensión adquiere particular importancia la administración de la
información y de los canales y contenidos de la comunicación institucional.
Dentro
de este componente encontramos también aquellos aspectos que hacen a la manera
en que cada institución organiza su proyecto educativo institucional, su
proyecto o proyectos didáctico-productivo/s y cómo los genera, así como la
forma en que se prevén o no, espacios y mecanismos de encuentro y participación
de los distintos integrantes de la institución en distintas fases de la organización
institucional.
Todos
estos aspectos, más otros que aquí no se explicitan pero que se deducen de los
anteriores, hacen a un perfil de la escuela que le es propio y que la
diferencia de otros establecimientos del mismo nivel educativo e incluso de su
misma orientación o especialidad. Es decir, ayudan a entender parte de su
identidad institucional y que, en muchos sentidos permea el resto de los
componentes institucionales ya que es en este nivel donde encontramos la clara
expresión de los recursos tanto humanos como materiales con los que cuenta la
escuela para desarrollar su propuesta educativa, así como de las características
de la forma específica de organización y funcionamiento de cada establecimiento
en las que se circunscriben todas las acciones institucionales
El
nivel de la evaluación una valoración de las instituciones o entidades
singulares que componen un determinado sector del sistema educativo, es posible identificar una dimensión formativa
que, orientada hacia el interior de la institución tendrá por objeto
proporcionar información útil en tanto, enfocando los puntos débiles, genere un
punto de partida para iniciar mejoras institucionales.
Así
mismo, se encuentra presente en este nivel una dimensión sumativa que, dirigida
esencialmente hacia el exterior de la institución se vincula a la rendición de
cuentas o de supervisión. En este sentido, podemos decir que la evaluación
tiene la peculiar utilidad de proporcionar información a los ciudadanos
respecto al uso de los recursos públicos en materia educativa.
La
preocupación por la calidad se transforma en un determinante para el diseño de
políticas educativas y en este sentido la evaluación cumple con la necesidad de
constatar/indagar la calidad del sistema, lo cual podría relacionarse con la
función de la evaluación aplicada a este nivel en particular.
Por
otra parte, en la medida que la evaluación contribuye a esclarecer la
naturaleza del sistema educativo, contribuye además al debate público y, en
última instancia, al funcionamiento democrático de la sociedad.
Pero
más allá de las dimensiones anteriormente analizadas, no podemos dejar de
mencionar que la utilidad y la valoración de la evaluación institucional,
depende, en buena medida, de la calidad con que ésta se realiza. Ya sea en su
concepción estrictamente instrumental, ésta es una herramienta al servicio del
sistema educativo en tanto que su utilidad dependerá notablemente de la
oportunidad y adecuación de su diseño y aplicación.
ANALISIS CRÍTICO
A
título de reflexión es necesario que las organizaciones educativas diseñen
modelos de evaluación tomando en cuenta su realidad, y que articulen con la
necesidades de la misma, además esta deberán ir en función al éxito educativo,
enfrentando las fallas y desaciertos con mayor firmeza desde una perspectiva
solida consciente y que guarde relación de responsabilidad, al mismo tiempo se
oriente en el camino de la toma de decisiones, donde sea el Gerente el
cuentadante de reorientar los procesos y aproveche los recursos.
Se
debe aplicar la evaluación institucional, porque esta produce juicios
valorativos, permite la ejecución de lo planificado, y conlleva a situaciones
positivas a las organizaciones educativas al aplicarla de forma periódica se
estaría abonando a crecer y ampliar la cultura de desarrollo por medio de la evaluación.
A
modo de conclusión: Necesidad y exigencia de la evaluación
Pero
más allá de las dimensiones anteriormente analizadas, no podemos dejar de
mencionar que la utilidad y la valoración de la educación institucional,
depende, en buena medida, de la calidad con que ésta se realiza. Ya sea en su
concepción estrictamente instrumental o en su complementaria dimensión
iluminativa, ésta es una herramienta al servicio del sistema educativo en tanto
que su utilidad dependerá notablemente de la oportunidad y adecuación de su
diseño y aplicación.
Es
razonable esperar que cuando las evaluaciones son realizadas adecuadamente,
satisfacen una importante necesidad: la de comprender y esclarecer los procesos
educativos al tiempo que responden una exigencia que involucra diferentes
sectores sociales, demanda emergente de la preocupación por la calidad
educativa, ora por motivos económicos o socioculturales.
Finalmente,
agregaré que la utilidad de la evaluación no debería ser únicamente considerada
a partir del alcance que ésta haya tenido de los propósitos declarados
inicialmente, puesto que las consecuencias de un proceso evaluador con
frecuencia exceden las previsiones. Por ello, cuando una evaluación es llevada
a cabo, es necesario prever todos aquellos efectos de modo tal que resulte
posible analizarlos en el momento en que éstos se presenten.
Por
todo lo expuesto, y tomando conciencia de la cantidad de autores que definen a
la Evaluación Institucional, asumiremos nuestra posición, dando la definición:
Definimos a la Evaluación Institucional
como:
UN
PROCESO PERMANENTE E INTEGRADOR, QUE SE DESARROLLA DENTRO Y/O FUERA DE LA
INSTITUCIÓN, A LOS EFECTOS DE FAVORECER LA CALIDAD EDUCATIVA, MEDIANTE JUICIOS
DE VALOR, DANDO BASES PARA LA TOMA DE DECISIONES.
LA
EVALUACIÓN INSTITUCIONAL, VA MAS ALLÁ DEL ALUMNO COMO OB-JETO DE EVALUACIÓN,
PUES ABARCA TANTO A LA ADMINISTRACIÓN EDUCATIVA, COMO AL CENTRO ESCOLAR Y AL
ALUMNADO.SE CONFIGURA COMO UNA PRÁCTICA REFLEXIVA, SISTEMÁTICA Y AUTO-REGULADORA
QUE SE SUSTENTA EN SUS TRES EJES FUNDAMENTALES, EL AXIOLÓGICO, EL TEÓRICO Y EL
METODOLÓGICO.
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